
La adolescencia es un momento de crecimiento físico, cognitivo y emocional sin precedentes. Es un período de aprendizaje, de sentimientos y desarrollo intensos, de búsqueda de la novedad y con una esencia profundamente creativa.

En esta etapa de la vida se producen cambios sustanciales en las funciones y estructuras cerebrales que nos explican muchos de sus comportamientos y que serán altamente importantes para un desarrollo de la identidad y autonomía personal.
Hábitos saludables, entorno familiar, escolar y comunitario favorables serán claves en la promoción de una salud mental acomodada.

Nosotras seguimos un año más con el proyecto: SEMBRANDO SONRISAS: JÓVENES Y BIENESTAR, compuesto con diferentes dinámicas para acompañar a niños, jóvenes y adolescentes surgió de la necesidad que nos transmitían desde algunos centros educativos y familias de llevar a cabo una intervención de prevención y promoción de la salud emocional y mental en la relación en los hogares y el alumnado.
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Este año nuestro enfoque está está basado en los jóvenes con casos de trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Los datos nos indican que ha habido un aumento importante de casos de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en los últimos años y, más preocupante todavía, cada vez en edades más tempranas.

Los trastornos de la conducta alimenticia suponen un problema de salud importante. Afectan entre un 5 y un 8 % de la población adolescente y joven.
En uno de cada dos casos, la enfermedad se manifiesta antes de los 14 años y en un 20 o 30 % evoluciona hacia la cronicidad.

De hecho, es la tercera enfermedad crónica más frecuente en la población adolescente y se ha convertido en uno de los trastornos más prevalentes en los centros de salud mental infantojuvenil (CSMIJ), al tiempo que también se han incrementado los ingresos de hospitalización de día y hospitalización de agudos.
Desde 2020, el porcentaje de pacientes prepuberales con un TCA que han requerido ingreso ha pasado de un 8 a un 20 %.
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Los estudios sugieren que, con la supervisión adecuada, la actividad física puede ser un recurso clave en el tratamiento de los TCA

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son una de las afecciones más complejas y menos visibles en el ámbito de la salud mental.
Se caracterizan por alteraciones emocionales, cognitivas y conductuales que distorsionan la relación con la alimentación, derivando en conductas extremas como la restricción severa de la comida o los atracones.

Si bien pueden manifestarse en distintas etapas de la vida, la adolescencia es el periodo de mayor riesgo, especialmente en mujeres, debido a la presión social y los cambios asociados a la construcción de la identidad.
Entre estos trastornos, la anorexia nerviosa destaca por su elevada incidencia en jóvenes de entre 15 y 19 años. En esta franja de edad, la búsqueda de aprobación externa y la autoimagen pueden convertirse en factores determinantes para su desarrollo.

Para acompañar en estos procesos, incluimos diferentes actividades con técnicas cognitivas de gestión emocional, técnicas de relajación y atención plena y otras herramientas muy beneficiosas que pueden ayudar a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y fortalecer la convivencia, la integración social, también ayudar a enfocar mejor los propósitos de futuro.

Puede ser una excelente opción para complementar otras terapias o tratamientos en momentos de fobia social, acoso escolar, crisis de ansiedad, depresión etc...Superar las crisis en edades tempranas evitará sus consecuencias.

Un espacio para hablar con tranquilidad de las dificultades, miedos, dudas...Y comprender que las crisis son oportunidades para un crecimiento personal y la integración de la personalidad, mientras sanamos cuerpo y alma.

Los niños están en pleno proceso de explorar sus propias identidades, de descubrir quiénes son y quiénes quieren ser. Por lo tanto, rápidamente adoptan tendencias culturales e ideas sobre cómo deben lucir y comportarse.

Las actividades están dirigidas a jóvenes entre 12 y 18 años, utilizaron la naturaleza y otras actividades como herramienta terapéutica para mejorar su bienestar mental y emocional.
Aumentar la conciencia de uno mismo es la clave para poner fin a toda discriminación, incluyendo la violencia escolar.

Los niños no saben qué hacer con estos sentimientos debido a que las emociones consideradas negativas son en su mayor parte ignoradas por nuestra sociedad ya que nuestro sistema educativo actual prácticamente no ofrece educación emocional alguna y pueden derivar en el futuro en TCA.
Colaboramos con entidades comprometidas con la salud mental de los jóvenes: asociaciones, centros de salud, colegios, universidades y organismos públicos.

Esta iniciativa es una invitación a sentir, expresar, comunicar y dialogar, y, sobre todo, a escuchar. Buscamos fomentar un entorno de confianza mutua, tanto en el hogar como en la escuela, donde cada persona se sienta libre de hablar.
Porque la vida importa para todos, y solo trabajando juntos podremos prevenir los problemas de salud mental en los jóvenes.

Educar, Jugar, formarse, crear, es parte de su derecho a participar en la comunidad. Saber detectar las fuentes de tensión antes de que vayan a más.
También buscamos desarrollar mecanismos y programas de apoyo que ayuden a reducir la ansiedad, el estrés y la falta de confianza y autoestima, promoviendo el bienestar emocional y el desarrollo personal de los jóvenes.

